El CCCB de Barcelona les dedica hasta el 6 de septiembre una exposición.Se trata de un fenómeno social de la España de los 80, en una sociedad con una democracia recién estrenada.
El cine de los 80, las películas más taquilleras del cine español que evidenciaban la inseguridad ciudadana y que reflejaban con pelos y señales los sucesos de la calle, inmortalizaron como personajes los delincuentes que tuvieron en su mayoría una muerte prematura ya que la palabra rehabilitación no fue más que una falacia para todos ellos. Este fenómeno fusionó la biografía de los delincuentes con sus apariciones en la prensa, en las películas y las novela, algunos vendieron sus historias como guión cinematográfico y ocuparon muchas columnas en la sección de sucesos. El cine quinqui se delimita entre 1977 y 1985 y se abre con el estreno de «Perros callejeros» y se cierra con la biografía de El Vaquilla, narrada por él mismo desde la cárcel. Pienso que uno de los maestres de los narradores de aventuras, Manuel Vásquez Montalbán, que conjugó su voluntad de experimentación con la carga crítica, influenció los guionistas de este tipo de cine. Sus romances más característicos siguen fielmente el esquema de un romance policial y obtuvieron, como las películas de los quinquis, un gran éxito.
En la década de los 80, el cine, la prensa, la Literatura y la música fueron los medios privilegiados que crearon la imagen del quinqui como héroe. El Jaro y El Vaquilla son, incuestionablemente, dos verdaderos iconos de los llamados “quinqui-stars”.
En el denominado cine quinqui, que tuvo mucho éxito entre 1978 y 1985, la realidad más dura y oscura excede la ficción, reflejando fielmente los principales cambios sociales, económicos, políticos y también urbanísticos en la España, durante este período.
El quinqui fue una representación de la delincuencia juvenil y de la vida marginal vigentes todavía hoy por hoy. Asociada a la generación quinqui, está inevitablemente la droga, la violencia, el paro, los guetos de exclusión, las calles de la periferia de las ciudades, los reformatorios, el cárcel, el Sida, y la muerte. En efecto, estos jóvenes atemorizaban a policías y ciudadanos, pues necesitaban robar para conseguir la deseada dosis diaria de heroína que era prácticamente considerada una pandemia.
La figura del quinqui tuvo tanto impacto en la década de los 80 que actualmente el CCCB de Barcelona les consagra una exposición.
Me parece importante el interés, principalmente del cine y de la prensa, por el fenómeno quinqui y por aspectos marginales que marcaron una época. Sin embargo, todos estos problemas continúan bien presentes en nuestra sociedad y, por tanto, nunca podrán ser olvidados por los Gobiernos que tendrán que buscar soluciones para las personas que necesitan apoyo y, consecuentemente, sus vidas sean lo menos dramáticas posibles.
El cine de los 80, las películas más taquilleras del cine español que evidenciaban la inseguridad ciudadana y que reflejaban con pelos y señales los sucesos de la calle, inmortalizaron como personajes los delincuentes que tuvieron en su mayoría una muerte prematura ya que la palabra rehabilitación no fue más que una falacia para todos ellos. Este fenómeno fusionó la biografía de los delincuentes con sus apariciones en la prensa, en las películas y las novela, algunos vendieron sus historias como guión cinematográfico y ocuparon muchas columnas en la sección de sucesos. El cine quinqui se delimita entre 1977 y 1985 y se abre con el estreno de «Perros callejeros» y se cierra con la biografía de El Vaquilla, narrada por él mismo desde la cárcel. Pienso que uno de los maestres de los narradores de aventuras, Manuel Vásquez Montalbán, que conjugó su voluntad de experimentación con la carga crítica, influenció los guionistas de este tipo de cine. Sus romances más característicos siguen fielmente el esquema de un romance policial y obtuvieron, como las películas de los quinquis, un gran éxito.
En la década de los 80, el cine, la prensa, la Literatura y la música fueron los medios privilegiados que crearon la imagen del quinqui como héroe. El Jaro y El Vaquilla son, incuestionablemente, dos verdaderos iconos de los llamados “quinqui-stars”.
En el denominado cine quinqui, que tuvo mucho éxito entre 1978 y 1985, la realidad más dura y oscura excede la ficción, reflejando fielmente los principales cambios sociales, económicos, políticos y también urbanísticos en la España, durante este período.
El quinqui fue una representación de la delincuencia juvenil y de la vida marginal vigentes todavía hoy por hoy. Asociada a la generación quinqui, está inevitablemente la droga, la violencia, el paro, los guetos de exclusión, las calles de la periferia de las ciudades, los reformatorios, el cárcel, el Sida, y la muerte. En efecto, estos jóvenes atemorizaban a policías y ciudadanos, pues necesitaban robar para conseguir la deseada dosis diaria de heroína que era prácticamente considerada una pandemia.
La figura del quinqui tuvo tanto impacto en la década de los 80 que actualmente el CCCB de Barcelona les consagra una exposición.
Me parece importante el interés, principalmente del cine y de la prensa, por el fenómeno quinqui y por aspectos marginales que marcaron una época. Sin embargo, todos estos problemas continúan bien presentes en nuestra sociedad y, por tanto, nunca podrán ser olvidados por los Gobiernos que tendrán que buscar soluciones para las personas que necesitan apoyo y, consecuentemente, sus vidas sean lo menos dramáticas posibles.